Saltear al contenido principal
Olint

Sostenibilidad y eficiencia en el uso de inputs en cultivos de frutales

Sostenibilidad Y Eficiencia En El Uso De Inputs En Cultivos De Frutales

La intensificación sostenible como respuesta al Pacto Verde de la Unión Europea

Retos y ejemplos en la producción frutícola y en el consumo alimentario

La Revolución Verde, a mediados del siglo pasado, impulsó la agricultura industrial. Más tarde surgieron nuevas formas de agricultura más respetuosas con el medio, como la agricultura integrada y la agricultura ecológica. Hoy día se busca una agricultura rentable para el productor, que garantice la seguridad alimentaria y con el mínimo impacto posible en el medio ambiente: la agricultura intensiva sostenible. Ésta pretende aumentar la productividad, es decir la producción por unidad de superficie cultivada; disminuir el impacto negativo de la agricultura en el medio ambiente mediante el uso de técnicas de cultivo que eviten el malgasto, deterioro y polución del suelo, del agua y del aire, favorecer la biodiversidad y el paisaje con por ejemplo la vegetación espontánea que sirva como hábitat de especies vegetales y animales.

Finalmente, y no menos importante mejorar las condiciones socio-económicas de los productores, asegurando una rentabilidad justa y una sostenibilidad económica y social, añadida a la ambiental, que permita su permanencia en el territorio y el mantenimiento de las zonas rurales.  En definitiva, se trata de alcanzar en gran medida los objetivos establecidos en el marco de la estrategia de la granja a la mesa en el marco del pacto verde de la UE, anteriormente expuesto.

Alcanzar los objetivos de sostenibilidad enumerados con anterioridad, pasa por un uso eficiente de los insumos agrarios, incluida la mano de obra. Y es en este contexto donde se sitúa la Agricultura Intensiva Sostenible que incluye a todos los agentes de la cadena de producción y distribución de alimentos. Se apoya en la tecnología, o lo que se ha venido en denominar Agricultura 4.0 o “Agricultura de Precisión” o “Smart Agriculture”.  La FAO postuló hace más de una década, que la única vía posible para una gestión eficiente de los inputs era la denominada “Intensification Sostenible” que permite mejorar la eficiencia de los recursos gracias al conocimiento y al desarrollo tecnológico, o dicho de otro modo, la producción sostenible derivada del uso eficiente de recursos solo es posible con la intensificación de las plantaciones.  

En el caso de los frutales la intensificación permite reducir los volúmenes de copa y convertirlos en formas bidimensionales, que por su forma y tamaño posibilitan un uso eficiente de inputs (mano de obra, maquinaria, tratamientos, agua, fertilizantes, etc.), a la vez que se reduce el período improductivo, a cambio de una mayor inversión. La intensificación se ha ampliado progresivamente del manzano a numerosas especies frutales como el peral, el cerezo, el almendro o el olivo (Iglesias, 2019a). Fuera de toda duda queda pues su interés creciente y la necesidad del uso eficiente de inputs en el proceso productivo, por afectar directamente tanto a la sostenibilidad ambiental como a la sostenibilidad económica y social o las rentas de los productores.

De izquierda a derecha, Ejemplos de intensificación en nuevas plantaciones de olivo, manzano (Foto: A. Monturiol) y almendro (Foto: G. Rutigliano).
De izquierda a derecha, Ejemplos de intensificación en nuevas plantaciones de olivo, manzano (Foto: A. Monturiol) y almendro (Foto: G. Rutigliano).

Uso eficiente de inputs en la producción: algunos ejemplos en frutales y olivo

Según la Comisión Europea, dado que los sistemas alimentarios siguen siendo uno de los principales motores de la crisis cambio climático y la degradación del medio ambiente, existe una necesidad urgente en la producción agrícola de reducir la dependencia de plaguicidas y de otros inputs.  El indicador armonizado establecido por la Comisión para cuantificar los avances en la reducción de los riesgos vinculados al uso de plaguicidas, demuestra una reducción del 20% del riesgo en los últimos cinco años, que considera insuficiente para luchar contra el cambio climático y preservar el medio ambiente.

Como se ha expuesto en los apartados anteriores, la Comisión tomará las medidas para disminuir el uso y riesgo de los plaguicidas químicos en un 50% en el horizonte 2030. Para ello se concederán pagos directos como incentivo a los agricultores que adopten prácticas agrícolas beneficiosas para el clima y el medio ambiente. En este caso se trata del Objetivo Específico nº8: Promover prácticas agrícolas que contribuyan a la reducción y optimización del uso de insumos tales como productos fitosanitarios, fertilizantes minerales, agua o energía”.

Está claro que una reducción de tal magnitud en el uso de plaguicidas, que además ira asociado a la pérdida progresiva materias activas disponibles en la UE, en frutales solo puede alcanzarse disponiendo de modelos agronómicos de plantación eficientes en la utilización de los pesticidas, combinado con la mejora continua de los equipos de aplicación. Estos modelos, pasan por copas bidimensionales de reducido volumen, asociadas a patrones enanizantes.

Modelos que gracias a la intensificación permiten mejorar la eficiencia de las materias activas aplicadas para la protección del cultivo (Figura 5), reduciendo las pérdidas por deriva y optimizando su distribución en la copa. Ello se traduce además en un control más eficiente de plagas y enfermedades, una reducción de los volúmenes aplicados y una disminución del coste de protección del cultivo.

Figura 5: Efecto del sistema de formación y del sistema de aplicación de productos fitosanitarios en la deposición efectiva en la vegetación de los tratamientos fitosanitarios en frutales (Fuente: Iglesias, 2020).
Figura 5: Efecto del sistema de formación y del sistema de aplicación de productos fitosanitarios en la deposición efectiva en la vegetación de los tratamientos fitosanitarios en frutales (Fuente: Iglesias, 2020).

Lo mismo se aplicará en el caso de los nutrientes o fertilizantes, cuyo consumo según la estrategia de la granja a la mesa deberá reducirse en al menos el 20% hasta el año 2030. Se desarrollará un plan de acción para su gestión integrada mediante la ampliación de técnicas precisas de fertilización y prácticas agrícolas sostenibles, incluidas también en los planes estratégicos vinculados a la PAC.

Agricultura ecológica

 Por otra parte, el mercado para los alimentos ecológicos sigue creciendo y por ello la Comisión Europea ha tomado la decisión que la agricultura ecológica deberá promocionarse mediante pagos directos de la PAC. Este tipo de agricultura tiene un impacto positivo en la biodiversidad, crea lugares de trabajo y atrae agricultores jóvenes. Para fomentar su uso la Comisión implementará un Plan de Acción, incluido en los eco-esquemas con el objetivo de pasar del actual 9% de la superficie ocupada por la producción ecológica en la UE hasta el 25% de la superficie en el año 2030.

En las últimas de décadas las plantaciones intensivas con copas más o menos bidimensionales de reducido volumen, formadas en eje central o en doble eje, con el uso de patrones enanizantes, son la práctica habitual en muchas especies frutales (Iglesias 2019; Iglesias y Torrents, 2020). En manzano la evolución hacia dichos sistemas tuvo lugar a partir de los años 1950 con la generalización del uso del patrón enanizante M-9 y sustitución de patrones más vigorosos como el M-7, el MM-111 o el franco (Figura 6).

Figura 6: Evolución de las producciones de manzana (kg/ha) (inferior) y del consumo de los principales inputs, como la mano de obra para la recolección, el agua de riego, los fertilizantes y la eficiencia de los tratamientos fitosanitarios a lo largo de los períodos 1950-60 y 2010-2018, desde plantaciones en vaso con patrón franco en volumen a las intensivas y bidimensionales con M-9 en el Sur Tirol (Italia) (Fuente: Iglesias, 2019b).
Figura 6: Evolución de las producciones de manzana (kg/ha) (inferior) y del consumo de los principales inputs, como la mano de obra para la recolección, el agua de riego, los fertilizantes y la eficiencia de los tratamientos fitosanitarios a lo largo de los períodos 1950-60 y 2010-2018, desde plantaciones en vaso con patrón franco en volumen a las intensivas y bidimensionales con M-9 en el Sur Tirol (Italia) (Fuente: Iglesias, 2019b).

Como ejemplo de la mejora en la eficiencia de estas plantaciones tanto en la producción, como en el uso de inputs (agua de riego, fertilizantes, tratamientos fitosanitarios, mano de obra para la poda y recolección), en la Figura 6 se expone su evolución en manzano, desde plantaciones tradicionales en vaso de la década de los años 1960-70 a las modernas plantaciones intensivas en eje central. Se trata de un interesante ejemplo que ilustra como con la intensificación se aumenta la productividad con un menor uso de inputs, es decir más producción con menor consumo de inputs por unidad de superficie, incluida la mano de obra.     

Se expone finalmente dos ejemplos de intensificación relativos a la eficiencia en el uso de inputs en olivo. En el primer caso los estudios fueron realizados en Puglia (Italia) por la Universidad Aldo Moro (Bari, Italia), comparando la eficiencia en el uso del agua de riego por diferentes modelos productivos, desde el tradicional de secano y regadío, pasando por el intensivo y el seto en regadío. Los resultados obtenidos se ilustran en la Figura 7, donde se observan importantes diferencias entre sistemas.

El seto, SES o superintensivo en riego muestra la mayor eficiencia en el uso de agua de riego con un consumo por tonelada de aceite de la mitad con respecto al sistema tradicional.  

Figura 7: Huella hídrica (WF) expresada en m3 agua/t de aceite-año para diversos tipos de plantaciones de olivo: tradicional de secano, tradicional de regadío, intensivo y superintensivo en riego (Fuente: Camposeo, S., 2020, Olivo & Olivo, nº1).
Figura 7: Huella hídrica (WF) expresada en m3 agua/t de aceite-año para diversos tipos de plantaciones de olivo: tradicional de secano, tradicional de regadío, intensivo y superintensivo en riego (Fuente: Camposeo, S., 2020, Olivo & Olivo, nº1).

Paralelamente, los trabajos realizados acerca de la intensificación del olivar por Maria Gomez Del Campo en la Finca de Casas de Hualdo (Madrid), iniciados en el año 2008, muestran como el cambio de la densidad de plantación y de la arquitectura del árbol tiene un efecto directo en el volumen de copa asociado a la misma y en la superficie foliar expuesta directamente relacionada con la eficiencia productiva, tal y como se expone en la Figura 8. Análogos resultados se han observado en almendro.

Figura 8: Efecto del tipo de plantación en la Superficie Foliar Expuesta y en el volumen de copa del olivo (Fuente: Gomez del Campo, 2011
Figura 8: Efecto del tipo de plantación en la Superficie Foliar Expuesta y en el volumen de copa del olivo (Fuente: Gomez del Campo, 2011

El consumo alimentario y su proyección en el año 2050

La producción de alimentos de un modo eficiente y sostenible de la mano de la intensificación, se adivina como una necesidad ineludible e inaplazable para aumentar las producciones agrarias. Ello debido a una superficie agrícola cada vez más limitada a nivel del planeta, por la progresiva desertificación o la falta de recursos hídricos, que obligará a producir más con menos y que deberá alimentar a una población mundial creciente, estimada en 10.000 millones de habitantes en el año 2050, frente a los actuales 7.800 millones.

En su artículo “Five Strategies for a Great Food Transformation” publicado en The Lancet (2019) el Dr. Rockström del prestigioso “Potsdam Institute for Climate Impact Research & Stockholm Resilience Centre”, afirma: “El actual sistema alimentario mundial requiere una nueva revolución agrícola que se base en la intensificación e impulsado por la sostenibilidad y la innovación de los sistemas o modelos agronómicos. Esto conllevan al menos una reducción del 75% de las diferencias de rendimiento en las actuales tierras de cultivo, mejoras radicales en la eficiencia de los fertilizantes y del agua, permitiendo aplicar opciones de mitigación del clima y el aumento de la diversidad biológica en los sistemas agrícolas. Rockström concluye:  “Para lograr emisiones negativas a nivel mundial según el Acuerdo de París de 2015, el sistema alimentario mundial debe convertirse en un sumidero neto de carbono a partir de 2040”.

Además de la demanda global creciente alimentos y en un Unión Europea donde la escasez alimentaria de la postguerra dejó paso a los excedentes, el siguiente reto es producir de forma eficiente, reducir los desperdicios alimentarios y estar atentos a los cambios y las exigencias alimentarias por los consumidores para ajustarlas a la producción. En la Figura 9 se indica cual es la previsión planetaria en el consumo de alimentos según categoría (parte derecha los que constituyen fuentes de proteínas) en el escenario 2050. La adopción de dietas más “saludables”, unido a la reducción del desperdicio alimentario, supondría un cambio significativo con respecto a la situación actual, con un incremento muy importante en el origen de la proteína, en particular de las de origen vegetal, leguminosas y frutos secos. 

Figura 9: Cambio previsto en la producción mundial de alimentos desde 2010 hasta 2050 (% con respecto al 2010) en diversos escenarios: (1).- Modelo (BAU*) y desperdicio alimentario actuales y (3).- Con dieta saludable y mitad del desperdicio actual. Fuente: Food in The Anthropocene: the EAT-Lancet Commission on Healthy Diets From Sustainable Food Systems. Online: Thelancet.com/commissions/EAT.
Figura 9: Cambio previsto en la producción mundial de alimentos desde 2010 hasta 2050 (% con respecto al 2010) en diversos escenarios: (1).- Modelo (BAU*) y desperdicio alimentario actuales y (3).- Con dieta saludable y mitad del desperdicio actual. Fuente: Food in The Anthropocene: the EAT-Lancet Commission on Healthy Diets From Sustainable Food Systems. Online: Thelancet.com/commissions/EAT.

Conclusiones

Los datos expuestos en el presente artículo muestran con meridiana nitidez el efecto que las políticas que emanan del Pacto verde y de la Estrategia de la granja a la mesa, van a tener en la producción agraria y en los productores de la UE. Sostenibilidad en todos los eslabones de la cadena de valor de los alimentos, que en la producción requerirán una reducción del uso de inputs y las ayudas correspondientes previstas por la PAC marcarán el futuro de la producción agraria en la Unión Europea y el tránsito obligado hacia una Europa verde para hacer frente a la crisis climática y la protección del medio ambiente.

Los ejemplos de mejora de la eficiencia en el uso de inputs expuestos para algunas especies frutales, asociados a plantaciones más intensivas, con copas de volumen más reducido, que posibilitan una entrada en producción más rápida, es un claro ejemplo de cómo estos modelos productivos permiten alcanzar la sostenibilidad y confluyen con las directrices comunitarias del Pacto verde. Este es sin duda el camino hacia la Agricultura de precisión que pasa inequívocamente por la intensificación en el marco de la Agricultura Intensiva Sostenible o “Sustainable Intensificación” propuesto por la FAO.  Dicha intensificación se atisba como una necesidad ineludible, inaplazable y sostenible, para aumentar las producciones agrarias con una superficie limitada a nivel del planeta y que deberá alimentar a una población mundial creciente.

El objetivo nº 2 “Hambre 0” de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU, se configura como elemento clave de paz y estabilidad mundial, ya que como afirmó el Dr. Norman Borlaug, padre de la “Revolución verde” y premio Nobel de la paz en 1970 “No habrá paz en el mundo con los estómagos vacíos”.

Esta entrada tiene 0 comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Volver arriba