La agricultura española en el horizonte 2050

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– El sector primario se enfrenta al reto global de abastecer a una población que crece, pero sin aumentar la presión sobre los suelos y los recursos hídricos

– El consumidor y la Unión Europea le van a exigir al agricultor sostenibilidad ambiental y seguridad alimentaria, en una sociedad cada vez más urbanizada y más alejada de los valores del campo   

Corría el ecuador del siglo XX y España acababa de salir de su Guerra Civil. La hambruna era una amenaza real para buena parte de la población y el gobierno trató de aumentar de forma interna la producción de grano en un escenario realmente extremo de aislamiento internacional. En lo económico y probablemente también en los social, el primer franquismo fue un régimen autárquico y con estas necesidades sus dirigentes reactivaron en todo el país el viejo proyecto regeneracionista de la colonización agraria.  

Fueron necesarios alrededor de 70.000 “labradores” para fundar más de 300 pueblos en las principales cuencas hidrográficas del país. Estaba claro que la mano de obra era imprescindible para producir alimentos porque la mecanización del campo apenas alcanzaba a unas pocas tareas. 70 años después las necesidades productivas son iguales o mayores que entonces, en una España plenamente integrada en los mercados mundiales, pero las recetas para alcanzar esas metas ya no son manuales. Por suerte o desgracia son digitales. 

 

Es espectacular la revolución que está protagonizando la agricultura de precisión en estos momentos. La utilización de prescripciones y sistemas de navegación en tractores y aperos, la monitorización y sensorización de los procesos, el uso de  drones e imágenes satelitales y sobre todo el análisis de los datos que se recogen y almacenan, están consiguiendo que el sector primario avance hacia el control de sus procesos de producción. El nuevo agricultor ya no es solamente aquel que siembra, aplica, riega y cosecha: es aquel que gestiona, interpreta y toma decisiones. En los próximos años el valor añadido estará en la estrategia y el conocimiento.  

Según la Organización de las Naciones Unidad para la Alimentación y la Agricultura (FAO), las nuevas herramientas de comunicación digital pueden aumentar la eficiencia del uso del agua en un 50% y reducir la utilización de fertilizantes y fitosanitarios en un 20% en los próximos años. En Europa el sector de la sanidad vegetal se ha comprometido a invertir 4.000 millones de euros en bioprotección de cultivos en sólo una década y tanto la investigación como la innovación van a avanzar en mejorar la eficiencia productiva en campo sin discutir, por supuesto, la protección al medio ambiente.  

El reto que tiene por delante la agricultura a nivel global es casi tan complejo como el que tuvieron a mediados del siglo XX los colonos españoles. Se espera que en 2050 la población mundial sea de 9.700 millones de personas, lo que se traducirá en un aumento de la demanda de alimentos del 50%, pero es que además los dirigentes de la Unión Europea han afirmado que aspiran a ser un territorio climáticamente neutro por esas fechas. Conjugar los objetivos productivos y medioambientales va a ser una obligación para el sector primario.  

En esta línea está claro que el consumidor va a demandar con más insistencia si cabe que aumente la seguridad alimentaria en su propio beneficio y una sociedad, cada vez más urbanizada, va a tener problemas para comprender los valores y las reivindicaciones que vienen del campo. No va ser sencillo mezclar todos estos ingredientes en la misma coctelera, por ello la colaboración público-privada será esencial en un contexto en el que sector primario  normalizará la incorporación de talento de otras áreas ajenas a la suya.  

Mejora vegetal

Mención aparte merece la relevancia que va a tener en agricultura la mejora vegetal en las próximas décadas. Según un informe de la European Plant Technology Platform (EPTP), la innovación que se ha implementado en esta área ha sido la responsable del 74% del incremento de la productividad global agraria europea en los últimos 15 años, equivalente a un aumento de los rendimientos medios del 1,24% anual. El estudio demuestra que la Unión Europea hubiese necesitado 19 millones de hectáreas más de tierras agrícolas para producir la misma cantidad de productos alimentarios sin técnicas de mejora de obtención vegetal.  

Es evidente que con estos instrumentos la agricultura del futuro optimizará todavía más los recursos hídricos de los que dispone. Sin las mejoras que han logrado los obtentores vegetales, el consumo de agua anual se hubiera incrementado en las dos últimas décadas en 55 millones de metros cúbicos para producir la misma cantidad de alimentos. Parece claro que el productor que no tenga capacidad para alinearse con todo el paquete tecnológico de la agricultura de precisión y de recurrir al mejor material vegetal, fitosanitaria y de fertilización no podrá ser competitivo en un mercado que no será autárquico como en el franquismo, será definitivamente global y muy competitivo frente a terceros países. 

Todo ello se va a tener que realizar con un control exhaustivo de los nutrientes que se aplican en el campo porque la Comisión Europea va a seguir trabajando por reducir la contaminación difusa en sus cuencas hidrográficas, especialmente en las mediterráneas. En los próximos años también se combatirá la degradación de los suelos y el crecimiento de las ciudades y la expansión territorial de las renovables reducirá la superficie cultivable en España. La llamada agricultura vertical será una solución sobre todo en los espacios con mayor densidad poblacional en un escenario social y económico con gran influencia de la cultura urbana frente al mundo rural. 

La agricultura española del 2050 estará adaptada a todas estas realidades y el agricultor deberá estar integrado en organizaciones bien estructuradas para poder mantener su autonomía. Está claro que solamente es una predicción, pero los tiempos parece que avanzan por este camino.  

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