La estrategia que impulsa el liderazgo de ISFA en el almendro en seto en Europa

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La estrategia que impulsa el liderazgo de ISFA en el almendro en seto en Europa

Tecnología, precisión y visión de futuro: así es el almendro en seto de ISFA en Huesca

En pleno corazón de Huesca, en la localidad de Tormillo, se encuentra una de las fincas más avanzadas de almendro en seto de España: la finca Terreu, propiedad de ISFA. Un total de 600 hectáreas dedicadas al almendro bajo distintos portainjertos y variedades, gestionadas bajo un modelo en el que la tecnología, la eficiencia y la anticipación son las grandes protagonistas.

“La finca Terreu es una de nuestras principales explotaciones en Huesca. Aquí cultivamos distintas variedades y portainjertos en función de la adaptación a cada parcela”, explica López. Entre las variedades destacan Penta, Lauranne y Marinada, mientras que en los portainjertos se emplean Rootpac 20, Rootpac R y GF, buscando siempre optimizar el binomio variedad-portainjerto en función de las condiciones edafoclimáticas.

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Para ISFA, la tecnología no es solo una herramienta, es la columna vertebral de su modelo de gestión. “Venimos de otros sectores y desde el principio tuvimos claro que la agricultura tenía un enorme margen de aplicación tecnológica, especialmente en fincas de gran dimensión como esta”, apunta Miguel Ángel.

En Terreu se combinan distintas capas de información y sistemas de control que permiten una toma de decisiones precisa y rápida:

  • 30 estaciones de control repartidas por la finca.
  • 4 sensores de humedad por estación, a diferentes profundidades.
  • Conductímetros y caudalímetros para monitorizar riego y fertiirrigación.
  • Análisis periódicos de suelo y planta.
  • Plataforma propia de gestión de datos
  • Imágenes satelitales para detectar variabilidad y posibles incidencias.

“Esta sensorización nos permite identificar de forma temprana cualquier anomalía, lo que se traduce en una gestión más eficiente del agua, los fertilizantes y los tratamientos. Además, desarrollamos herramientas internas que nos integran todos estos datos en tiempo real”, detalla.

Uno de los proyectos más innovadores que están testeando es la utilización de tractores autónomos. “Contamos con dos unidades en pruebas. Más allá de ser un simple tractor, lo vemos como una auténtica plataforma tecnológica, porque es el único equipo que recorre todas las calles de la finca varias veces al año”, explica.

El objetivo a medio plazo es dotar a estos vehículos de sensores avanzados e inteligencia artificial capaces de detectar de forma precoz la aparición de plagas o enfermedades: “Si logramos identificar, por ejemplo, la presencia de Roya o de mosquito verde en estados iniciales, podremos intervenir de forma localizada y preventiva, reduciendo costes y ganando en eficacia”.

Desde ISFA lo tienen claro: el futuro del almendro en España pasa por el modelo en seto. “Nosotros también tenemos 250 hectáreas de intensivo convencional y cada año, cuando llega la cosecha en agosto, reafirmamos nuestra apuesta por el seto”, afirma Miguel Ángel. “Gracias a la mecanización total, somos capaces de recolectar miles de hectáreas en pocas semanas, algo que sería inviable con sistemas tradicionales”.

El modelo en seto permite no solo mecanizar todas las operaciones, sino también aplicar nuevas tecnologías que requieren estructuras vegetales planas para funcionar con la máxima precisión, igual que ha ocurrido en la fruticultura con manzanos, perales o incluso en el olivar superintensivo.

A nivel de rendimiento y producción, el sistema sigue avanzando. “Hoy estamos trabajando para consolidar rendimientos estables en torno a los 3.000 kilos por hectárea. Es un objetivo cada vez más realista con el desarrollo agronómico y tecnológico actual”, señala López. “El potencial es enorme y, en nuestra opinión, el camino es irreversible: el almendro del futuro en nuestro país será en alta densidad, seto, como ya ocurrió con el olivo”.

La finca Terreu es, sin duda, un ejemplo de cómo la innovación aplicada al campo permite no solo optimizar la rentabilidad, sino también hacer una agricultura más sostenible, eficiente y preparada para los retos futuros.

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